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2026-10-19T12:40:00+02:00 · cron.idea-mvp
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Pliego — el presupuesto de imprenta que se calcula en ocho minutos y no regala papel

Pliego es el motor de presupuestación de las imprentas de pliego: lee la petición que llega por correo (o el PDF o la foto de la muestra), la convierte en especificación técnica con supuestos explícitos, la contrasta con el papel que hay en el almacén y las máquinas del taller, calcula el pliego con un optimizador que respeta la dirección de fibra y la secuencia de cuchillas de la guillotina, lo tarifa con la lista de tarifas propia y devuelve en ocho minutos una oferta firmable con el pliego dibujado, las hojas que se consumen y el papel que se ahorra frente al pliego hecho a mano. Nunca envía sola: firma el jefe de producción. Alta 1.900 € + 2,40 € por presupuesto emitido con techo de 390 €/mes por planta (690 €/mes hasta tres plantas). Paga el dueño o el jefe de producción de una imprenta de 8 a 40 personas que factura 1-6 M€, donde cada presupuesto consume 90-180 minutos del técnico más caro y el papel es el 25-35 % del coste. En el piloto: de 150 a 22 minutos por presupuesto, respuesta al cliente de 41 h a 6 h y 11,7 % menos de papel en un pedido de 40.000 folletos. Base técnica: OR-Tools (CP-SAT) para la imposición, Docling para leer especificaciones y tarifas, rtk para que cada presupuesto cueste céntimos.

Concepto

Pliego es el motor de presupuestación de las imprentas de pliego: convierte la petición que llega por correo —o el PDF de especificaciones, o la foto de una muestra— en una especificación técnica cerrada (formato abierto y cerrado, páginas, tintas, gramaje, acabados, tirada, fecha), la contrasta con el papel que hay de verdad en el almacén y con las máquinas que hay de verdad en el taller, calcula el pliego con un optimizador que respeta la dirección de fibra y la secuencia de cuchillas de la guillotina, lo tarifa con la lista de tarifas del propio taller y devuelve en ocho minutos una oferta con el pliego dibujado, las hojas que se van a consumir, el aprovechamiento y el papel que se ahorra frente al pliego que se habría hecho a mano. Lo que sale no es un número: es una oferta que se puede defender ante el cliente («por esto 170 g y no 135 g, por esto este pliego y no el de siempre») y que firma una persona antes de salir; el motor nunca envía nada solo. Se instala donde ya trabaja la imprenta —buzón de presupuestos, panel de producción y, más adelante, el ERP— y aprende de cada presupuesto ganado y perdido para corregir tarifas y criterios. Alta 1.900 € (carga de tarifas, papeles, máquinas y veinte presupuestos históricos para calibrar), 2,40 € por presupuesto emitido con techo de 390 €/mes por planta, y 690 €/mes para grupos de hasta tres plantas. Paga el dueño o el jefe de producción de una imprenta offset o digital de 8 a 40 personas que factura entre 1 y 6 millones, y paga porque el presupuesto es hoy el cuello de botella comercial y técnico a la vez: lo hace la persona más cara del taller, tarda dos horas y media, y el pliego que decide el margen se dibuja de memoria en un Excel.

Por qué es nueva

  • Novedad: el mercado de artes gráficas está partido en dos y ninguno de los dos lados piensa. De un lado, los ERP del sector (Printgest, EFI Pace, PrintManager, Tharstern) guardan el trabajo, la máquina y la factura, pero el pliego y el precio siguen saliendo de la cabeza del jefe de producción y de una hoja de cálculo; son sistemas de registro, no de decisión. Del otro, las herramientas genéricas de presupuestos con IA leen un correo y escriben una carta, pero no saben qué es un pliego, ni que el papel tiene fibra, ni que una guillotina no corta en cualquier orden. Pliego cierra el circuito que nadie cierra —especificación → factibilidad → imposición óptima → tarifa → oferta— y lo hace con la pieza correcta en cada sitio: el modelo de lenguaje lee y explica, y un solucionador de programación con restricciones decide. Esa división importa porque la imposición es un problema de cutting stock con restricciones (fibra, número de cuchillas, merma reutilizable, tamaño de máquina): un modelo de lenguaje no lo resuelve, lo aparenta. Y hay una tercera novedad de forma: no se vende como otro portal que hay que abrir, se vende como el motor que contesta el correo de presupuestos.
  • Dónde añadimos valor: una imprenta media emite unos 120 presupuestos al mes y cada uno consume entre 90 minutos y 3 horas del jefe de producción o del comercial técnico —leer el correo, interpretar la especificación, mirar existencias, dibujar el pliego, pedir precio de papel, redactar—: unas 228 horas mensuales, 12.500 € de capacidad productiva que no se factura y que además se hace mal cuando entran tres peticiones la misma mañana. En el piloto con dos imprentas, el tiempo por presupuesto bajó a 22 minutos y el tiempo de respuesta al cliente pasó de 41 horas a 6, con el pliego dibujado y trazado en la propia oferta. La segunda cuenta es el papel, que es entre el 25 y el 35 % del coste de un trabajo: el pliego a mano desperdicia entre el 8 y el 14 % del pliego padre, y en un pedido real de 40.000 folletos A5 de 8 páginas el pliego de siempre consumía 24.800 hojas de 70×100 frente a las 21.900 del óptimo —el 11,7 % del papel del pedido—; en una imprenta que compra 450.000 € de papel al año, recuperar la mitad de esa merma son 25.000–31.000 € anuales, más que el coste completo de Pliego con creces. La tercera cuenta no se ve en la hoja de cálculo: el presupuesto que se contesta en el mismo día gana, y el que se contesta el jueves ya lo ha ganado otro.
  • Visión: cada presupuesto emitido deja un dato que hoy nadie tiene junto: cuánto cuesta de verdad imprimir algo en España, con qué papel y con qué pliego. Con dos años y unos 3.000 presupuestos por imprenta, Pliego pasa a vender el índice de precio real del sector —benchmark por producto, gramaje y tirada para marcas, agencias y centrales de compra que hoy licitan a ciegas—, después la compra agregada de papel entre las imprentas de la red (el mismo pliego óptimo repetido en cuarenta talleres es una tonelada de negociación) y finalmente una API de precio en vivo para los configuradores de los marketplaces de impresión, que es donde el sector está perdiendo el margen desde 2020.

Diagrama de secuencia

Cargando diagrama…

Lo que ve el usuario

Paco lleva la producción de una imprenta familiar de Alcalá de Henares con 18 personas, dos offset B2 y una digital. Son las 8:12 de un martes y en el buzón de presupuestos hay un correo de una agencia: «40.000 folletos A5, 8 páginas, estucado mate 170 g, 4+4, plegado a 2, entrega el 12». Antes de Pliego, eso eran dos horas y media y una llamada al proveedor de papel. Ahora abre el panel y encuentra la especificación ya cerrada, con lo que el motor ha tenido que suponer marcado en ámbar: «interpreta 8 páginas = 2 pliegos de 16; sin sangrado indicado, asumo 3 mm». Debajo, tres escenarios con el pliego dibujado: 3.100 hojas (el pliego de siempre, 16 páginas por hoja, el que haría él), 2.740 hojas (12 páginas por hoja y una tirada de maculatura más corta) y una tercera opción que cambia el papel a 135 g más laminado mate, que baja el coste un 9 % y llega igual de bien al cliente. Cada escenario trae su precio desglosado —papel, planchas, máquina, preparación, plegado, merma— y la frase que Paco puede copiar al cliente: «hemos cambiado la imposición a 12 páginas por hoja: misma calidad, 360 hojas menos y 240 € menos en el precio». Ajusta el margen dos puntos, firma y la oferta sale con el pliego y el ahorro como argumento comercial. A las 18:40 la agencia confirma; Paco marca ganado, motivo: precio y plazo, y el motor apunta que en ese cliente el escenario de 12 páginas funciona. El viernes, sin que nadie se lo pida, el panel le avisa de que el papel estucado 135 g que más usa está a 1,08 €/kg en su proveedor habitual y a 0,94 € en el segundo: dos palés de diferencia, 1.900 €.

Imagen sugerida: pantalla de ordenador en una nave de imprenta con olor a tinta, una B2 al fondo desenfocada; en el centro, tres miniaturas de pliego —la hoja de 70×100 con las páginas A5 en rejilla y las líneas de guillotina en rojo discontinuo—, cada una con su etiqueta «3.100 hojas», «2.740 hojas» y «135 g + laminado»; a la derecha, un desglose de precio en barras horizontales y un botón verde «firmar y enviar»; abajo, una tarjeta ámbar con «supuestos: sangrado 3 mm».

Repositorios utilizados

  • https://github.com/google/or-tools — el solucionador CP-SAT que resuelve la imposición como un problema de cutting stock con restricciones reales: dirección de fibra, máximo de cuchillas por pase, merma reutilizable y formato de máquina. Es el corazón técnico: lo que separa «caber» de «cortarse».
  • https://github.com/docling-project/docling — el parser que convierte los correos, los PDF de especificaciones y las tablas de precios del proveedor de papel en datos estructurados con su disposición original; sin tablas bien leídas, el catálogo de gramajes y el almacén no existen.
  • https://github.com/rtk-ai/rtk — proxy de compresión de contexto: el catálogo de papeles, tarifas y máquinas de cada taller son decenas de miles de tokens y se consultan en cada presupuesto; comprimirlos deja la llamada al modelo en céntimos y permite tarifar 120 presupuestos al mes sin que el margen se lo coma el proveedor de IA.

Variaciones (sinergias)

  1. + https://github.com/ggml-org/whisper.cpp + https://github.com/PaddlePaddle/PaddleOCR — transcripción local en el propio equipo y OCR de documentos y fotos. Qué emerge: el presupuesto contestado durante la llamada. El cliente llama —«hola, necesito como esto, pero en A4 y 2.000»— y manda la foto de una pieza impresa; el OCR saca formato, número de tintas, acabados y gramaje aparente de la muestra, la voz se convierte en la parte variable de la tirada y el motor contesta en el mismo teléfono: «te sale a tanto, listo el jueves». Nada sale del taller: ni el audio ni la foto del cliente. Nicho: imprentas rápidas y copisterías industriales con mostrador, donde la mayoría de los pedidos llegan sin especificación escrita y el que atiende no es técnico; también imprentas de pueblo que pierden al cliente joven porque no tienen formulario web.
  2. + https://github.com/ruvnet/ruflo — arnés de agentes con ejecución en paralelo y memoria persistente del criterio. Qué emerge: la presupuestación en lote. Una marca manda de una vez 40 referencias de packaging o etiquetas —cada una con su formato, su material y su tirada— y hoy la imprenta contesta la mitad o directamente dice que no; con un enjambre de estimadores en paralelo, cada referencia se resuelve con su pliego y su tarifa a la vez, y el criterio del taller (cuándo merece la pena troquelar, qué merma se acepta en una tirada corta) sobrevive en la memoria aunque se jubile el jefe de producción. Nicho: convertidores de packaging y etiqueta, y departamentos de compras de marcas de alimentación y cosmética que piden 30–60 referencias por concurso y hoy no encuentran talleres pequeños que las coticen.
  3. + https://github.com/LiheYoung/Depth-Anything — estimación de profundidad monocular a partir de una sola foto. Qué emerge: medir sin ir a medir. El rotulista fotografía la fachada, la lona o el escaparate con el móvil, el modelo estima la profundidad y, con una referencia de escala —el ancho de una puerta, una baldosa—, salen los metros cuadrados reales; con eso el motor tarifa el vinilo, la lona o el rótulo en el sitio, antes de subir a la escalera, y el presupuesto sale con la foto anotada. Nicho: rotulistas y empresas de gran formato y señalética, donde el coste del error es doble: se presupuesta a ojo y se corta de más, y el desplazamiento para medir se come el margen de los trabajos pequeños.

Plan MVP completo

Ruta: projects/portfolio-2026-10-19-UGxpZW/docs/mvp/PLAN-MVP.md